La empresa comenzó su actividad en el comercio del azafrán a principios del siglo XX en Monreal del Campo, Teruel, de la mano de Estanislao Guerrero y Felisa Muñoz. Posteriormente, sus hijos fundaron Guerrero Muñoz, que se consolidó como una de las principales empresas internacionales del sector. Más adelante, la empresa se trasladó a Albacete, en La Mancha, y en 1993 se fundó la Compañía Exportadora de Azafrán Español (C.E.A.E.), donde la tercera generación impulsó mejoras en calidad, producción, innovación y diseño de envases.